Uno de los propósitos de este año era ir llenando mi casa de cosas bonitas poco a poco. Y parece que esta última semana me han llegado un montón de paquetes dispuestos a hacerme cumplir el deseo con creces. Con la excusa de las bodas voy comprando pequeños tesoritos que luego mis novias deciden si usar o no para sus bodas, y mientras tanto decoran rincones de mi casa. :)

Estos fanales me gritaban desde una repisa “llévameeee, llévameeee”. Gritaban tanto y tan fuerte que tuve que comprarlos para poner fin a tanto alboroto. Son tan dulces, con sus letras de `Pastries y Les Jardins Botaniques. No puedo esperar a verlos llenos de pasteles (o tapando un buen queso, yo es que soy más de salado).

Cuando ya iba a pagar me encontré con este increíble frutero de zinc, perfecto para colocar pasteles en cualquier boda rústica y campestre. Y aquí fui yo la que le grité a él, porque no se me podía escapar. Ligero, desmontable y, sobre todo, barato. ¡Mío!

En Barcelona, en Tinta Gris, me hice con estas tres bobinas de lazo. Tienen una textura increíble y llevo días pensando para que los voy a usar. Se aceptan ideas y proyectos DIY.

Y mi última compra, y no por ellos menos importante, tres botellas talladas antiguas que me vuelven loca y que ya he colocado en veinte sitios diferentes de la casa. A bote pronto la cuadrada puede parecer más sosa, pero si os fijáis veréis que intenta reproducir una maleta antigua. Tiene los correajes por los lados, y al frente una especie de candado.

Inciso: voy a tener que buscar otra floristería cerca de mi casa, porque Flores Obdulia no tiene mucha variedad la pobre mujer.

Pero si las compras hacen ilusión, imaginaos las sorpresas y los regalos. La gran sorpresa me la dio Marisa, de Kraft Croch. Fui a Correos a recoger un pedido y me encuentro con un regalito también para mí, una preciosa chapa bordada por ella con el logo de El sofá amarillo. Hasta lloré un rato de la emoción. Aún no sé dónde ponerla, porque necesito un lugar honorífico.

Y mi segundo regalazo llegó de parte de Laia, de Anouk Bazaar. Laia hizo hace unos meses un sorteo, y teníamos que decirle qué cojín nos gustaba más. Ya me imagináis gritando “el amarilloooo, el amarilloooo”. Pues no me tocó, pero ella se quedó con la copla y, pasadas las Navidades, me dijo que le apetecía regalarme el amarillo. Yo emocionada total. Y su cojín amarillo ha llegado, y a este sí que le he encontrado un sitio ya: en la mecedora Eames.

Y esto, damas y caballeros, es lo más cerca que estoy por el momento de tener un sofá amarillo. ¡Y me encanta! :)

Os parecerá una bobada, pero cuando abro un ojo por la mañana y lo primero que veo son cosas bonitas, empiezo el día cargada de energía positiva.

¡Un beso enorme y feliz… ay, madre, que ya es jueves!

Indara

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