Lo mejor de una boda es que hable de la personalidad de los novios. Lo segundo mejor (y para mí igual de imprescindible) es que hable del lugar en el que se realiza. Un coro rociero en Lugo no tiene mucho sentido, a no ser que tu abuela paterna sea de Sevilla. Si te casas en un restaurante en el centro de Madrid, a lo mejor no pegan las alpacas de paja, por mucho que te gusten. Si pretendes en una masía catalana llena de aperos de labranza hacer una boda inspirada en los años 20, te va a costar más de un disgusto. Si las paredes y las cortinas de tu restaurante son rosas, no busques una paleta de color verde y amarilla porque el resultado será seguramente bastante churro. Evidentemente, siempre hay excepciones, pero a mí me parece algo de sentido común.

Si ya tienes muy clara la estética de tu boda, no pares hasta encontrar el sitio que se adapte perfectamente a ella. Y si ya has elegido un espacio, intenta sacarle el máximo partido, conviértelo en tu aliado, no vayas en su contra. Que sí, que sí, que se pueden conseguir resultados geniales con cualquier estilo y con cualquier color, ¡que no panda el cúnico! :)

Creo que con tanto rústico y vintage nunca os he hablado de otro estilo que me chifla y que es muy nuestro: el estilo mediterráneo. Y además contamos con un elemento clave genial que se usa poco entre tanta peonía-obsesión: el olivo. Tengo tantas ganas de hacer una boda así… y empezando ya por las invitaciones, por supuesto:

El ramo de novia no puede faltar…

Con centros de mesa grandes o pequeñitos:

Detalles delicados en los platos…

Un árbol de los deseos que sea, por supuesto, un olivo:

¿Y de regalito? Está claro. :)

De postre, la tarta con olivo y lavanda, no me puede parecer más preciosa.

Todas las fotos con sus fuentes, en mi Pinterest.

¿Alguna se apunta a la sencillez y el blancor del estilo mediterráneo? ¿No dan ganas de irse a Menorca y olvidarse del mundo?

¡Un beso enorme y feliz miércoles!

Indara

 

 

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