«Con los mofletes al viento» es la frase que mejor define una de las experiencias más divertidas de nuestra luna de miel. La más divertida es otra que aún no sé si me atreveré a contar aquí, jajaja. Aunque a este paso ya casi he perdido toda la vergüenza.

Si os vais de viaje por la Costa Oeste de Estados Unidos, o queréis hacer un pedazo de regalo a alguien que vaya, no os lo podéis perder porque es insuperable.

¿Y qué hicimos? ¡VOLAR! A mí, que ya me gusta en general un parque de atracciones más que a un tonto un lápiz, fue llegar a Universal Studios, ver el túnel de viento de iFly y ponerme a dar grititos como una loca de ¡quiero! ¡quiero! ¡quiero! La gente me miraba pero yo a lo mío, saltando y ¡quiero! ¡quiero! ¡quiero! Y lo hicimos. Iván, yo y varios niños que no superaban los siete años que me miraban un poco avergonzados por mi emoción descontrolada.

Momento friki-japonés antes de entrar al túnel.

Entramos, nos pusieron un vídeo con las instrucciones, nos dieron los monos, los tapones para los oídos (ruido infernal dentro del túnel), las gafas y los cascos, y a volar. Una de las instrucciones más importantes era mantener la boca cerrada, y yo ahí ya superagobiada porque me veía con un ataque de risa y tragándome una ventolera a 200 kilómetros por hora. Como efectivamente pasó.

Podéis pinchar en las fotos para ver mi cara desfigurada por el viento con más detalle, jajaja. Fue genial, una sensación nueva e insuperable. Y cuando terminamos la primera ronda de vuelos y el monitor preguntó quién quería repetir, os podéis imaginar quien era la que gritaba más que nadie ¡yooo! ¡yooooo!

¿Qué, os animáis a volar?

Un beso enorme y feliz fin de semana :)

Indara