¡Ya es diciembre, ya es diciembre! Por fin. Llevo semanas aguantándome las ganas de hacer dos cosas: comer turrón y publicar posts navideños. Es una manía, pero hasta diciembre no hay Navidad que valga. Eso sí, llega el día 1 y me pongo en modo villancico non-stop.

¿Y qué es lo primero que llega con la Navidad? ¡El calendario del adviento! Yo lo recuerdo desde que era pequeña en mi casa. Mi hermana y yo ya teníamos la técnica dominada de abrir todas las ventanitas sin que se notase para ver qué había. El chocolate nunca llegaba al día 6. Luego nos daba muchísima pena habérnoslo comido antes pero al año siguiente hacíamos lo mismo, así que muy arrepentidas no debíamos de estar.

Este año no teníamos mucho tiempo así que Iván y yo preparamos un calendario muy fácil y en dos o tres horas lo teníamos listo. Usamos unos numeritos de fieltro supermonos que compramos en Holamama shop, troqueles de diferentes tamaños y bolsitas de algodón de las que nos sobraron de nuestra boda.

Cuando ya estábamos metidos en harina nos dimos cuenta de que los numeritos estaban incompletos. Faltan algunos unos y algunos doses para llegar a 24, así que decidimos pintarlos. Ya sé que no es la solución más elegante pero era eso o quedaronos sin chocolate. ¡Y sin chocolate jamás!

Después solo había que atar las etiquetas a las bolsas, y llenar las bosas de sorpresas muy secretas.

Y, para que sea un poco sorpresa, nos dividimos la mitad de los números para cada uno y pusimos cosas muy secretas dentro. Bueno, hoy es día 2. De momento siguen siendo secretas, a ver cuánto aguanto sin mirarlas…

¿Ya tenéis listo vuestro calendario? Yo os dejo por hoy, que me dispongo a disfrutar del maravillos ambiente navideño de Viena mientras me tomo una taza de vino caliente que, como dice mi madre, no emborracha pero alegra a la muchacha. :)

Un beso enorme y feliz fin de semana,

Indara