Hoy toca por fin la segunda parte de la boda de Fran y Herminia. Ya habéis visto la ermita y el restaurante, así que os voy a contar las sorpresas y los detalles que preparamos para la fiesta.

Lo primero que encontraban los invitados cuando se sentaban a la mesa era una tarjeta en la que se les invitaba a jugar al Veo, veo con sus cámaras. Había varias fotos que conseguir y un premio para el mejor. Es una pena que no lo podáis ver, pero hay un grupo en Facebook al que los invitados están subiendo todas estas fotos para ganar el premio. Y te partes de risa. :)

A la hora del postre llegaron los regalos para los invitados. Herminia es una repostera genial y además muy apañada con la decoración de galletas así que, después de darle varias vueltas, decidió hacer ella misma los regalos para todos los invitados. Imposible más DIY y más personal. Nos moríamos de risa porque resultó que las dos somos muy anticelofán, así que decidimos decorar unas bolsitas de algodón con un sello de Vespa en marrón chocolate y atarle una etiqueta con el matasellos vintage con sus nombres. ¡Regalo rico, rico y con fundamento!

Parejas casaderas había un montón, así que los novios decidieron no dejar a nadie fuera y encargar muñecos personalizados para todos ellos. Fueron un exitazo, yo estoy enamorada.

¿Y qué más? Siguiendo con el tema motos, la gran atracción de la noche: decidimos subir una Vespa antigua al restaurante para que los invitados se hiciesen fotos en ella. Y ahí el que más y el que menos se plantó un bigote y unas gafas e hizo el indio un rato. No os imagináis el trabajo para conseguir los cascos antiguos… Además, pusimos pizarras para dejar mensajes y una cámara Polaroid para que todo el mundo se llevase su foto de recuerdo a casa. ¡Volaron!

Y para terminar, un toque de color a la noche. A los novios les chiflan los Skittles, así que encargamos un montón de cajas a Estados Unidos, los separamos uno a uno por colores y montamos una minimesa de caramelos muuuy colorida. Usamos una vez más el sello de la Vespa (ya le sacamos partido, ¿eh?) para personalizar las bolsitas de papel y que los invitados se llevaran los caramelos a casa. Además, en el medio del baile sacamos las alpargatas para las que ya no podían con su alma. Está demostrado que deshacerse de los tacones alarga la fiesta un porrón de horas, ¡y era lo que queríamos!

La verdad es que en la fiesta, entre unas cosas y otras, los invitados disfrutaron como enanos. Porque al final, muchas veces, los detalles se olvidan y lo que perduran son las sensaciones. :)

Un beso enorme y feliz fin de semana,

Indara