El otro día sonó el teléfono. Hola, te llamo de The Workshop Flores, ha quedado una plaza libre para el curso de centros para bodas del lunes, ¿estás interesada? ¡Sííííííííí! Creo que mi grito lo escuchó mi abuela en Monforte. Dije que sí sin pensar y luego me vi negra para organizarme e irme en viaje exprés a Madrid, pero mereció la pena.

En realidad ya solo por conocer a Sally y a su encantadora e inglesísima madre mereció la pena, pero además aprendí un montón de cosas muy interesantes y sencillas sobre flores, cuidados y posibilidades que me van a venir fenomenal la próxima vez que una floristera se ponga a enseñarme centros con purpurina, plumas, perlas y alambres retorcidos y yo empiece a hiperventilar pensando madremíamadremíamadremíaquehagoyoconesto!

Yo no tengo ni idea de flores, pero a base de ver, anotar, buscar, guardar, probar y fijarme, fijarme mucho, he aprendido que ni el centro más caro, técnico y sofisticado supera en belleza a una simple hortensia en un vaso de agua. Por eso me encantan las flores de Sally y por eso me moría de ganas de aprender con ella. Su enfoque naturalista me va y les va a mis novias, y eso es genial.

Cuando llegué a la tienda ya estaba todo preparadito:

El primer centro para bodas que nos enseñó Sally fue a base de plantas. Es cierto que para conseguir la misma espesura de una planta necesitaríamos un buen montón de flores cortadas, así que esta resulta una opción estupenda si lo que queremos es un centro bien lleno y espeso con poco dinero. Colocamos cuatro plantitas en una cesta. Una hiedra, una lavanda…

Tapamos las macetas con musgo, añadimos una pizarrita con el número de mesa y voilà, nuestro centro rapidísimo y totalmente low cost.

Después nos enseñó otro centro con una pecera. La suya era gigante pero se pueden usar más pequeñas. Y dos versiones, una más económica con agua y flores hasta media altura:

Y otra más cara con la pecera llenita hasta arriba de hortensias y peonías. Me encantó la mezcla de colores, tan fresca y agradable.

Y el tercer arreglo, ya para terminar: la decoración low cost por excelencia, utilizando botellas recicladas. Necesitas cero técnica, solo un poco de gusto para combinar flores, colores y alturas.

A mí las botellas de cerveza se me hacían demasiado oscuras, así que cuando llegó nuestro turno de ponernos manos a la obra elegí las de Coca-cola, que eran casi transparentes. Esta fue mi composición:

Y os enseño otras de mis compis de clase:

Aunque, para ser sincera, con las flores tan bonitas que teníamos era imposible que de ahí saliera algo feo.

Entre el curso de Bornay que hice en febrero y este, cada vez tengo más ganas de aprender y saber más y más y más y llenar mi casa de colores y aromas. Le estoy cogiendo el gusto, parece que esto de las flores engancha. :)

¡Un beso enorme y feliz miércoles!

Indara