Hay canciones que nunca deberían caer en el olvido. Creo que alguna vez os dije que tengo una memoria estupenda para las cosas que no importan un pimiento, y las canciones es una de ellas. Además, en mi casa siempre se ha cantado mucho, muchísimo, tanto en las fiestas como en el día a día, así que, para asombro de todos mis amigos, tengo un repertorio de lo más extenso y variado. Eso sí, canto como un carro viejo. Me da mucha pena viniendo de una familia de cantarines empedernidos, pero ya lo he asumido.

La chica del 17 es un cuplé bastante picarón que se estrenó en 1929. Lo cantó por primera vez Teresa Manzano pero ha sido una de las canciones más versionadas por cupletistas de todas las épocas, desde Lilian de Celis a Olga Ramos o Marujita Díaz. Toda esta información la he buscado en Google, que una cosa es que me sepa las canciones y otra, la historia universal del cuplé.

Yo recuerdo a mi abuela y a mi madre toda la vida cantando esta canción en la cocina, que es donde más se está y donde más se canta en mi casa. Y a mí me encantaba porque me imaginaba a una chica monísima y superestilosa que era la envidia de las vecinas. No tenía ni idea de qué eran los zapatos de tafilete, ni mucho menos el abrigo de petit-gris (para mí de pedigrí). Yo escuchaba lo de los guantes y lo de París y sabía que, de mayor, quería ser como ella. Tenía que ser como ella. Bendita inocencia.

Nunca se me ocurrió preguntarle a mi madre dónde narices se metía la chica del 17. Era un misterio, no me importaba, y seguramente tampoco lo hubiera entendido. Pero yo, que siempre he tenido una relación un poco especial con las palabras, disfrutaba escuchando expresiones tan exóticas en Monforte como plazuela, toilettes o vecindad. Y aquellas medias de seda con espiguilla me hacían soñar.

La chica del 17
de la plazuela del Tribulete
nos tiene con sus toilettes
revuelta la vecindad.

La gente ya la critica,
pues hace tiempo que no se explica
a donde va la chica
tan bien portá.

Por eso a las vecinas
les da por murmurar
y, al verla tan compuesta,
le dicen al pasar:

Dónde se mete
la chica del 17,
de dónde saca,
pa tanto como destaca.

Pero ella dice,
al verlas en ese plan,
“la que quiera coger peces,
que se acuerde del
refrán”.

La chica del 17
gasta zapatos de tafilete,
sombrero de gran copete
y abrigo de petit-gris.

Los guantes, de cabritilla,
medias de seda con espiguilla,
pues viste la chiquilla
como en París.

Por eso a las vecinas
les da por murmurar
y, al verla tan compuesta,
le dicen al pasar:

Dónde se mete
la chica del 17,
de dónde saca,
pa tanto como destaca.

Pero ella dice,
al verlas en ese plan,
“la que quiera coger peces,
que se acuerde del
refrán”.

¿Ya conocíais a la chica del 17? Yo le tengo tanto cariño que más de una vez, cuando vivíamos en Madrid, arrastré a Iván hasta Lavapiés para, a falta de plazuela, dar una vuelta por la calle del Tribulete. Quizás con la esperanza secreta de encontrarme con ella. No sé en qué momento descubrí la verdad, pero os digo una cosa, no pierdo la esperanza de tener un sombrero de gran copete. Y mientras tanto la canto en casa mientras cocino. Iván ya se la sabe. La mitad de mis amigos también. Y mis futuros hijos se la sabrán seguro.

¡Un beso enorme y feliz lunes musical!

Indara