Una boda más llega, y una boda más se va. Meses de trabajo, de búsqueda, de emails, de viajes, de ilusión… que se concentran en doce horas de emociones que siempre, siempre, se hacen cortas.

Recuerdo cuando me llegó el primer email de Ana diciéndome que se casaba, que nadie lo sabía aún  y que contaba conmigo sí o sí. Fue en agosto del año pasado, yo estaba en Barcelona con mis amigos y en casa de Candela no funcionaba internet. Lo leí en el móvil, y sufrí hasta que conseguí responderle algo coherente, entre la emoción y la incomodidad de las miniteclas. Recuerdo que los primeros mails ponían en el asunto “Receta de pastel de chocolate” para que ninguna mirada indiscreta sospechase nada. Justo un mes después soltó la bomba. Y me llegó otro mail:

Ni pastel de chocolate ni nada!
Bodaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!!!

Lo que Ana quería lo capté al momento. Una boda sencilla, clásica, elegante, delicada, llena de detalles sutiles y muy gallega, pero sin caer en los tópicos.

La iglesia estaba clara desde el minuto uno. No hay otra más bonita en toda Coruña que la Colegiata de Santa María del Campo. El restaurante estuvo decidido poco después. El Mirador de San Pedro, con unas espectaculares vistas al mar que, como esperábamos, alucinaron a los invitados, muchísimos venidos de fuera.

Sé que estáis deseando ver las fotos pero, como siempre, hay que esperar. En este caso no os puedo proporcionar casi ni un pequeño anticipo porque tuve la grandísima suerte de volver a contar con Ramón y Estrella de El marco rojo y, con ellos de por medio y su trabajo impecable, yo me desentiendo del tema fotos.

Pero sí que os puedo enseñar otra cosa. El making of de la boda. Un pequeño recorrido por estos meses de trabajo. No es nada espectacular, son todo fotos cutrillas hechas con prisa con el móvil y sin ninguna intención de publicarlas, pero me ha encantado rescatarlas.

Las invitaciones, un tarjetón clásico pero con un punto actual con la tipografía y el sobre de color. La elección fue fácil: azul francés. :) Un guiño divertido al país del novio.

Encontrar los minicaballetes de madera fue una pequeña pesadilla que se demoró dos meses, pero en cuanto llegaron fuimos felices al comprobar que el tamaño era perfecto. Los meseros, acuarelas preciosas del camino de Santiago, ese que une Francia con Galicia, perfecto para la historia de A y F.

De acuarelas iba la cosa, y encargamos dos más personalizadas, una de la Colegiata y otra del ramo que llevaría la novia. Las usamos para varias cosas, desde los  misales al libro de firmas. Todo en bilingüe, igual que las invitaciones y el menú, para que nadie se perdiera ni una palabra de la ceremonia.

Y acuarelados estaban también los bálsamos y jabones de Olivia que hicieron las delicias de los invitados. Eucalipto, lavanda, mojito, cosmopolitan… ¡y muchas acuarelas para dar unidad a semejante disparidad de aromas!

Puse mi casa patas arriba en busca de los mejores complementos para esta boda. Está feo que yo lo diga, pero la regadera y las sombrereras llenas de flores quedaron ideales. :)

Cuando llegaron las primeras hortensias, tan perfectas que casi parecían de mentira, lo vimos claro. Imposible más gallegas, imposible más azules, imposible más bonitas. Fueron las protagonistas.

Compramos marcos y más marcos para el protocolo, y yo los colocaba una y otra vez en el suelo de mi dormitorio buscando una composición bonita.

Los menús, perfectos, para mí casi lo más bonito de la boda. Caligrafiados a mano con mucho mimo, en blanco sobre cartón kraft.

Cojines, un montón y muy diferentes, para que los invitados estuviesen cómodos durante la fiesta. Aunque pocos se sentaron… ¡porque menudo fiestón se montó!

No faltaron tampoco los detalles pensados para los más peques.

Últimos días, cronogramas, documentos para arriba y abajo y las listas de invitados que varían, como siempre, hasta el mismo día de la boda.

¿Sabéis quien es esta cosa bonita? Se llama Trufa, y es la perrita de la familia de Ana. Se lleva fenomenal con Jimena así que nos la trajimos a casa el día de la boda para que no se quedara solita. Hasta durmió con nosotros en la cama la tía, y ni nos enteramos hasta que sonó el despertador.

Y por último el ramo, haciendo pruebas en la floristería, la víspera de la boda.

Y así, entre pitos y flautas, llegó junio ¡y llegó esto!

Pero para ver lo que viene a partir de este momento, habrá que esperar. :)

Mil gracias, A y F, vais a ser muy, muy felices, estoy segura! Pocas veces he visto miradas de amor tan emocionadas. Y mil gracias especiales a Begoña, la mami de Ana, con la que trabajé codo con codo todo este tiempo, una persona encantadora, educada y buena y la madre más implicada en la boda de su hija del mundo. Me dijiste que te iba a echar de menos durante el congreso, pero ahora te voy a echar de menos mucho, mucho más.

Y yo, como siempre, me quedo feliz y triste a la vez, feliz con el resultado y triste porque ya se ha acabado. ¡Aunque la parte feliz siempre pesa más!

¡Un beso enorme y feliz lunes!

Indara