Me encantan las invitaciones de boda, formales o informales, en papel, electrónicas, en vídeo y de mil maneras. Siempre que estén hechas con buen gusto, claro. Muchísimas veces escucho el comentario «ay, no, queremos algo diferente, no el típico tarjetón». Y tú piensas, jo, cómo se lo van a currar, seguro que su invitación mola mucho. Y no.

Y yo ya, a estas alturas y después de ver horrores múltiples de papeles tornasolados, transparencias, flores, muñequitos, ositos, corazones en relieve, puzzles, lazos de terciopelo y adamascados imposibles, he llegado a la conclusión de que prefiero mil, mil, mil veces «el típico tarjetón».

Pero es que, además, el típico tarjetón hace mucho que dejó de ser el típico tarjetón. Parece que una boda clásica es sinónimo de una boda aburrida, y nada más lejos de la realidad. Hay mil formas de darle el toque clásico y a la vez especial a nuestras invitaciones, y el forro del sobre es una de ellas. Por eso cuando descubrí Querida Valentina me quedé maravillada, me chifla toda su papelería, desde las invitaciones a los meseros. Con estampado de pajaritos, de libélulas, de rayas o de plumeti, son todas tan dulces y tan delicadas que no puedo elegir.

Además tienen mil complementos a juego, tarjetas de respuesta, sobres, libros de misa, mapas y todo lo que se os ocurra.

Iván y yo estamos mirando varios modelos para hacernos nuestras tarjetitas juntos. La papelería personalizada me vuelve loca, qué le voy a hacer. Es uno de esos pequeños lujos asequibles que me hacen feliz, un detalle muy íntimo que dice mucho de quién lo entrega y alegra al que lo recibe, y que no quiero dejar de disfrutar. :)

¿Invitaciones clásicas o modernas? ¿Formales o informales? Y, sobre todo, ¿papelería personalizada sí o no? :)

¡Un beso enorme y feliz miércoles!

Indara