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Algunos de vosotros ya habéis visto un par de fotos en Facebook y en Instagram. :) Os dije que el lunes publicaba el post, y aquí lo tenéis.

Este año tenía cero tiempo para montar mi fiesta de segundo aniversario, así que necesitaba algo muy sencillo. Un par de semanas antes había organizado una pedida de mano preciosa en barco y, hablando con el capitán, se me ocurrió la idea de invitar a mis amigos a un día de mojitos y velero molón.

Entre sospechas, cotilleos y meteduras de pata varias, al final todos sabían cuál era la sorpresa, pero lo que no supieron hasta que llegamos al puerto es que ese día nos acompañaría uno de los mejores fotógrafos que he tenido la suerte de conocer, que ya es amigo y que forma parte de la historia de mi vida: Ramón, de El marco rojo.

Y yo, como siempre, sacándole partido a mi precioso vestido de Rosa Clará. :) ¡Aún me sirve! Podéis pinchar en las fotos para verlas más grandes.

¿Qué os parece el plan? Comimos, bebimos, nos bañamos, bailamos, hicimos el tonto y, sobre todo, nos reímos muchísimo muchísimo. Cero curro esta vez, lo reconozco, pero fue muy relajado y nos lo pasamos genial, que era lo que necesitaba. :)

¡Un beso enorme y feliz lunes!

Indara

Hoy queremos mostraros el trabajo de una de nuestras empresas de fotografía preferidas: El marco rojo. No en vano, fueron los fotógrafos que nuestra socia Indara eligió para inmortalizar todos los momentos especiales de su boda. Nos gustan, entre otras cosas, porque son expertos en capturar instantes pequeños y espontáneos, que a menudo pasan inadvertidos a pesar de ser los más hermosos. Hemos entrevistado a Fátima, su fundadora.

 A nosotras siempre nos preguntan por qué El sofá amarillo. Seguro que a vosotros también os pasa. ¿De dónde viene El marco rojo?

 Estuvimos semanas dándole vueltas al nombre. Era algo que no nos dejaba dormir. Un día, mi socio Víctor apareció con un marco que había encontrado en un contenedor para incorporarlo como atrezzo a una sesión de fotos. Con un spray lo pintó de rojo y, cuando lo vimos, dijimos a la vez: «El marco rojo». Y así empezó todo…

 ¿Por qué fotografía de bodas? ¿Os dedicabais a otro tipo de fotografía antes o siempre habéis tenido claro que lo vuestro es captar el «sí, quiero»?

 En realidad, empezamos haciendo fotos a familias y niños. De casualidad surgió una boda, luego otra… Actualmente es el 80 % de nuestro volumen de negocio.

 Seguro que en estos años habéis vivido todo tipo de situaciones. ¿Qué consejo le daríais a una pareja que está a punto de casarse? ¿Nos contáis alguna anécdota?

Nuestro consejo es que lo vivan con ilusión. Que el día de la boda no estén pendientes de nada y que disfruten cada momento porque, cuando se quieran dar cuenta, el día habrá terminado. Claro, que ahí estamos nosotros para ayudarlos a recordarlo. Nuestra filosofía es que hay muchas maneras de ver una boda, pero la nuestra, la de El marco rojo, será solo una. Dentro de unos años se borrarán los recuerdos y solo quedarán las imágenes para revivirlo todo de nuevo.

¿Anécdotas? Mil y una pero somos muy discretos y no os contaremos ninguna (ja, ja, ja).

 ¿Cuál es la parte que más os gusta de vuestro trabajo?, ¿y cuál es la más complicada?

 La parte más bonita de nuestro trabajo es que somos especialistas en captar emociones y eso es muy gratificante. Ver la expresión de felicidad de las parejas cuando les mostramos las imágenes de su boda es maravilloso. Nuestra meta es siempre superar sus expectativas y parece que lo conseguimos. ¿Lo más complicado? El ritmo de trabajo. Para poder hacer este tipo de reportajes hay que implicarse mucho y estar muy atento a todo lo que pasa. Estamos una media de diez horas seguidas a un ritmo muy alto. Pero merece la pena. Siempre merece la pena…

 Lleváis unos años imparables e incluso tenéis ya varios premios de fotografía. ¿Qué proyectos de futuro tiene El marco rojo?

 ¿Proyectos? Seguir haciendo felices a todas las parejas que nos elijan para captar los recuerdos de su boda.

 ¡Gracias, Fátima! Os dejamos con una muestra de su fantástico trabajo. ¡Feliz fin de semana!


Como os prometimos el miércoles, hoy compartimos con vosotras el post más especial de cuantos hemos hecho. Y es tan especial para nosotras porque, además de ser mi boda, fue el comienzo de nuestra aventura empresarial con El sofá amarillo. En nuestra primera entrada ya os contamos un poquito.

De momento os pongo las fotos más generales y el lunes iremos analizando poco a poco todos los detalles. Las fotos son de El marco rojo, mis fotógrafos favoritos, que hicieron un trabajo sensacional. El cátering Boketé, de A Coruña, hizo las delicias de nuestros invitados. Recomendadísimos.

¿Por dónde empiezo? Pues por donde yo lo empiezo todo: por los zapatos. A mi hermana le hacía mucha ilusión regalarme unos zapatos de Manolo Blahnik por la boda, ¿y quién soy yo para quitarle la ilusión a mi hermanita pequeña? :) Unas maravillas lilas de tacones imposibles me acompañaron durante todo el día. El vestido es de Rosa Clará. Yo quería ser un poco princesa, pero sin encajes ni volantes, que no van conmigo. Encontré el vestido perfecto, y a la primera. Algún día os contaré la anécdota de los seis kilos que gané y los ocho centímetros de tela que faltaban para cerrar el vestido un mes antes de la boda. :) Y por último, el tocado, de Nila Taranco. Lo hicimos a distancia, a base de correos electrónicos; un poco arriesgado.

La ceremonia la celebramos en un parque público, al lado del río y a la sombra de un sauce. ¡Nuestros 200 invitados no cabían en ningún sitio más! Decidimos arriesgarnos y exponernos a la mirada de paseantes y curiosos, y no fue nada mal. Por supuesto, nuestra hija perruna Jimena tenía que acompañarnos en un día tan importante. Mi ramo era de bouvardia y muguet, y frambuesas (la foto es de El marco rojo pero la he recortado y ampliado para que se vea mejor) y las alianzas nos las hizo un orfebre que tiene un taller muy pequeñito en Santiago. Son lisas, de oro blanco y la mía tiene un solitario.

Os cuento que fue una boda de inspiración romántica y viajera. Monforte es una ciudad históricamente muy ligada al ferrocarril, al igual que mi familia. A mi ya marido y a mí nos encanta viajar, y lo hacemos continuamente, así que la boda reflejaba una parte muy importante de nuestra vida, además de ser un pequeño homenaje al lugar en el que pasé mi infancia y al que vuelvo siempre que puedo. Mandamos construir una billetería antigua y dimos a cada invitado un billete de tren personalizado con su «destino», que era cada mesa, identificada con una estación de tren del mundo. Las minutas estaban impresas imitando la parte de atrás de una postal. :)

En las mesas, un montón de botellitas y tarros de cristal de todas las formas y tamaños con peonías, rosas de pitiminí, hortensias… todo en tonos rosas y verdes. La idea era compensar la frialdad de la piedra del claustro y el acero de la carpa con la calidez de las flores. Por eso elegimos todo en tonos muy suaves. La mesa de dulces (¡y mi tarta sin gluten!) nos la hicieron las chicas de La gloria bendita. Las  fotos de la carpa, de las flores y de la mesa de dulces no son de El marco rojo.

Si queréis poner cara a las otras dos socias de El sofá amarillo, Paula y Lucía, aquí las tenéis, monísimas y felicísimas, a mi izquierda, en la foto de arriba. :) Y, a mi derecha, Xènia, otra gran amiga, artista de la repostería y creadora de los cupcakes más bonitos del mundo.

Sigo. Las madres repartieron regalos con una carretilla y, para el baile, muchos cócteles, disfraces, alpargatas, caricaturas y un marco enorme con el que todo el mundo se hizo fotos. Y hasta las siete de la mañana. :)

¿Qué os ha parecido? El lunes os enseñaremos todos los detalles: esas cosas pequeñas y hechas con todo el cariño, a veces imperceptibles, que hacen que una boda sea mucho más especial.

¡Un beso enorme y feliz fin de semana! :)

Indara