Como os prometimos el miércoles, hoy compartimos con vosotras el post más especial de cuantos hemos hecho. Y es tan especial para nosotras porque, además de ser mi boda, fue el comienzo de nuestra aventura empresarial con El sofá amarillo. En nuestra primera entrada ya os contamos un poquito.

De momento os pongo las fotos más generales y el lunes iremos analizando poco a poco todos los detalles. Las fotos son de El marco rojo, mis fotógrafos favoritos, que hicieron un trabajo sensacional. El cátering Boketé, de A Coruña, hizo las delicias de nuestros invitados. Recomendadísimos.

¿Por dónde empiezo? Pues por donde yo lo empiezo todo: por los zapatos. A mi hermana le hacía mucha ilusión regalarme unos zapatos de Manolo Blahnik por la boda, ¿y quién soy yo para quitarle la ilusión a mi hermanita pequeña? :) Unas maravillas lilas de tacones imposibles me acompañaron durante todo el día. El vestido es de Rosa Clará. Yo quería ser un poco princesa, pero sin encajes ni volantes, que no van conmigo. Encontré el vestido perfecto, y a la primera. Algún día os contaré la anécdota de los seis kilos que gané y los ocho centímetros de tela que faltaban para cerrar el vestido un mes antes de la boda. :) Y por último, el tocado, de Nila Taranco. Lo hicimos a distancia, a base de correos electrónicos; un poco arriesgado.

La ceremonia la celebramos en un parque público, al lado del río y a la sombra de un sauce. ¡Nuestros 200 invitados no cabían en ningún sitio más! Decidimos arriesgarnos y exponernos a la mirada de paseantes y curiosos, y no fue nada mal. Por supuesto, nuestra hija perruna Jimena tenía que acompañarnos en un día tan importante. Mi ramo era de bouvardia y muguet, y frambuesas (la foto es de El marco rojo pero la he recortado y ampliado para que se vea mejor) y las alianzas nos las hizo un orfebre que tiene un taller muy pequeñito en Santiago. Son lisas, de oro blanco y la mía tiene un solitario.

Os cuento que fue una boda de inspiración romántica y viajera. Monforte es una ciudad históricamente muy ligada al ferrocarril, al igual que mi familia. A mi ya marido y a mí nos encanta viajar, y lo hacemos continuamente, así que la boda reflejaba una parte muy importante de nuestra vida, además de ser un pequeño homenaje al lugar en el que pasé mi infancia y al que vuelvo siempre que puedo. Mandamos construir una billetería antigua y dimos a cada invitado un billete de tren personalizado con su «destino», que era cada mesa, identificada con una estación de tren del mundo. Las minutas estaban impresas imitando la parte de atrás de una postal. :)

En las mesas, un montón de botellitas y tarros de cristal de todas las formas y tamaños con peonías, rosas de pitiminí, hortensias… todo en tonos rosas y verdes. La idea era compensar la frialdad de la piedra del claustro y el acero de la carpa con la calidez de las flores. Por eso elegimos todo en tonos muy suaves. La mesa de dulces (¡y mi tarta sin gluten!) nos la hicieron las chicas de La gloria bendita. Las  fotos de la carpa, de las flores y de la mesa de dulces no son de El marco rojo.

Si queréis poner cara a las otras dos socias de El sofá amarillo, Paula y Lucía, aquí las tenéis, monísimas y felicísimas, a mi izquierda, en la foto de arriba. :) Y, a mi derecha, Xènia, otra gran amiga, artista de la repostería y creadora de los cupcakes más bonitos del mundo.

Sigo. Las madres repartieron regalos con una carretilla y, para el baile, muchos cócteles, disfraces, alpargatas, caricaturas y un marco enorme con el que todo el mundo se hizo fotos. Y hasta las siete de la mañana. :)

¿Qué os ha parecido? El lunes os enseñaremos todos los detalles: esas cosas pequeñas y hechas con todo el cariño, a veces imperceptibles, que hacen que una boda sea mucho más especial.

¡Un beso enorme y feliz fin de semana! :)

Indara