“y una paella de Mara Catering“, habría que añadir al título del post. Y es que, después de la excepcional clase magistral de Rubén, aún nos quedaban un par de sorpresas para completar el día. La primera es que nos encontramos con una mesa enorme llena de joyas y de cacharritos fabulosos variados: botellas, tazas, encajes, libros, ramas, flores… La idea era que cada una de nosotras montase un pequeño bodegón con sus piezas favoritas y todo el material que más la inspirase.

Yo, en cuanto vi las peonías y los jacintos, supe que tenía que hacer algo con ellos. Colgué unos pendientes fabulosos de un trocito de encaje antiguo, añadí un solitario y listo. Pero, como era todo tan bonito, no fui capaz de hacer solo un montaje: los libros de colores y la hortensia azul me estaban llamando a gritos. :)

Mis compis de aventura hicieron también un trabajo precioso. ¡Me chifló el ramo improvisado!

Y después de una minisesión de fotos de street style (¡ay, madre!) con el equipo de Telva nos fuimos a comer. Nos metieron en dos 4×4 y allá nos fuimos dando saltitos en el asiento por caminos pedregosos que subían al monte. Tras acabar de subir un poquito más a pie, nos encontramos un despliegue impresionante y totalmente inesperado: en la cima del monte y con unas vistas que hacían suspirar, los chicos de Mara Catering habían montado bajo un velador blanco una mesa preciosa para todos nosotros con manteles y servilletas de hilo bordado, platos de loza antiguos y muchas flores en botellitas de cristal. Decía Bea que era un momento Memorias de África total. Nos recibieron con pizarras de jamón serrano, quesos, vasitos de gazpacho y una cosa ideal que nos hizo a todas abalanzarnos con la cámara: cucharitas de foie plateado con purpurina, aunque en la foto no se aprecian los brillos (estos filtros vintage me tienen loca). Además, Mara nos sorprendió con su plato estrella: una paella cocinada allí mismo sobre una fogata.

Pero no iban a terminar ahí las sorpresas porque Mara nos obsequió con un tarrito de mermelada de frutas de la propia finca y Suárez volvió a encandilarnos con unas pulseras personalizadas con las iniciales de cada una y un coral tallado. ¡Yo no me la quito!

No sé si he sido capaz de transmitiros lo que disfrutamos, pero la verdad es que fue un día fabuloso y todas nos volvimos con un poquito de pena, hubiésemos dado algo por quedarnos todo el fin de semana allí, en un ambiente tan relajado y tan agradable. La finca Monte de Cutamilla es una preciosidad y, además de para descansar y desconectar totalmente, es perfecta para todo tipo de celebraciones ya que cuenta incluso con una pequeña capilla. Si tenéis pensado casaros o tenéis algo que celebrar, yo no le perdería la pista porque los invitados se quedarán con la boca abierta. A estas alturas, que parece que ya es difícil sorprender, ellos lo consiguen y con nota.

Aquí tenéis una foto preciosa (que le robé a Cru, yo siempre igual) del fabulous team de Suárez. ¡Gracias por todo, chicas! Y mil gracias Bea por las fotos. Que la mitad de las fotos de hoy y de ayer son suyas! :)

Un beso enorme y feliz jueves

Indara