Archivos para las entradas con etiqueta: Monte de Cutamilla

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Un día me llamó un señor de Toledo. Yo me había dejado el teléfono en el estudio para variar y respondió Iván. Ese día llegué tarde y no le devolví la llamada. Al día siguiente el mismo señor de Toledo volvió a llamar pero yo estaba ocupada y tampoco pude atenderle. El pobre señor de Toledo se impacientó mogollón. Y al rato me llegó un whatsapp de Lucía Be. “Tía que te está llamando mi marido y me dice que no le coges”. Casi me muero de risa, pero la sorpresa del pobre Miki se había ido al traste.

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Él quería que le montásemos una fiesta sorpresa a Lucía para la presentación de su nueva web y tienda online pero ya no se aguantaba más. Estos hombres de hoy son unos blanditos. Mejor, porque organizar la fiesta entre los tres fue mucho más divertido. Y con la llamada del señor de Toledo empezó al baile, de números, de fincas, de invitados. El concepto inicial era un poco diferente pero cuando visitamos LA finca la idea estuvo clara. El Monte de Cutamilla es tan espectacular que merece ser visitado y disfrutado de día, y ya que todos los tocados e ilustraciones de Lucía Be están “hechos en el campo con amor”, ¿qué hay más campestre que un picnic hecho con mucho amor para disfrutar del campo, de las vacas, los caballos, de las hormigas y la naturaleza en general?

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 Además Mara, de Mara Cátering, es más maja que las pesetas y cocina de morir (aún recuerdo la paella que nos hizo el año pasado y salivo como un perrito), y nos lo puso todo tan facilísimo que tardamos cero coma tres en decirle que sí, que sí y que claro que sí. Teníamos un mes para prepararlo todo y hablamos tanto que yo me quedé sin mis 500 minutos de tarifa plana en una semana. En la mitad de las conversaciones acabábamos ya delirando, a mí me preocupaban las flores y las telas, a ella los invitados y los tocados, cada una hablaba de lo suyo y nada tenía sentido pero me lo pasé en grande.

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-Lu estoy preocupada…-¿Por si fulanita no llega desde Barcelona?
-No, por las peonías coral y los ranúnculos.
-Claro, porque si llega a Madrid, luego hasta Sigüenza…
-Sí, y para la fiesta ya no estarán de temporada, voy a hablar con una floristería que conozco…
-Genial, que si se hace muy tarde luego y no llega al Ave…
-Tú tranquila que si no cambiamos las peonías por rosas de jardín que son también románticas…

Besugas totales, pero yo cada vez que colgaba estaba un rato con la sonrisa en la cara y el corazón contento. Llegó la semana de la fiesta y allí nos plantamos en Toledo con el coche a lo trapero a tope de trastos. A Lucía ya la quería pero esa noche cenando en su casa me enamoré también de su amore-alias-Mikisilvio-alias-elseñordeToledo y por supuesto de su paxarito.

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Hay mil anécdotas, entre los parches etílicos y el asadillo of peppers of the piquillo (me castigó Dios por partirme de risa con la traducción de la carta), pero cada vez que me acuerdo de estar preparando las flores clandestinamente en la habitación a las tres de la mañana sobresaltándonos con cada ruido por si venía alguien y nos reñía aún se me saltan las lágrimas (Mara, si lees esto, todo mentira, ni caso).

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Y bueno, el resultado de todo ese mes de locura, muchas risas y mucho más trabajo lo podéis ver en las fotos. Un día especial, diferente y con la mejor de las compañías. Desde Madrid, desde Galicia, desde Asturias, desde Segovia, desde Barcelona, desde Valencia, desde Sevilla, desde el País Vasco… ¡un millón de gracias a todos por compartir este día con nosotros! Gracias mil Mery Lemon por poner la nota musical al evento y ser tan majos. Y, sobre todo todo todo, mil gracias a la prota, Lucía, y al amore, por contar conmigo para hacer realidad una idea tan preciosa y divertida. Con fiestas así mi trabajo más que trabajo es placer puro. Repetimos cuando queráis. :)

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Un beso enorme y feliz martes

Indara

“y una paella de Mara Catering“, habría que añadir al título del post. Y es que, después de la excepcional clase magistral de Rubén, aún nos quedaban un par de sorpresas para completar el día. La primera es que nos encontramos con una mesa enorme llena de joyas y de cacharritos fabulosos variados: botellas, tazas, encajes, libros, ramas, flores… La idea era que cada una de nosotras montase un pequeño bodegón con sus piezas favoritas y todo el material que más la inspirase.

Yo, en cuanto vi las peonías y los jacintos, supe que tenía que hacer algo con ellos. Colgué unos pendientes fabulosos de un trocito de encaje antiguo, añadí un solitario y listo. Pero, como era todo tan bonito, no fui capaz de hacer solo un montaje: los libros de colores y la hortensia azul me estaban llamando a gritos. :)

Mis compis de aventura hicieron también un trabajo precioso. ¡Me chifló el ramo improvisado!

Y después de una minisesión de fotos de street style (¡ay, madre!) con el equipo de Telva nos fuimos a comer. Nos metieron en dos 4×4 y allá nos fuimos dando saltitos en el asiento por caminos pedregosos que subían al monte. Tras acabar de subir un poquito más a pie, nos encontramos un despliegue impresionante y totalmente inesperado: en la cima del monte y con unas vistas que hacían suspirar, los chicos de Mara Catering habían montado bajo un velador blanco una mesa preciosa para todos nosotros con manteles y servilletas de hilo bordado, platos de loza antiguos y muchas flores en botellitas de cristal. Decía Bea que era un momento Memorias de África total. Nos recibieron con pizarras de jamón serrano, quesos, vasitos de gazpacho y una cosa ideal que nos hizo a todas abalanzarnos con la cámara: cucharitas de foie plateado con purpurina, aunque en la foto no se aprecian los brillos (estos filtros vintage me tienen loca). Además, Mara nos sorprendió con su plato estrella: una paella cocinada allí mismo sobre una fogata.

Pero no iban a terminar ahí las sorpresas porque Mara nos obsequió con un tarrito de mermelada de frutas de la propia finca y Suárez volvió a encandilarnos con unas pulseras personalizadas con las iniciales de cada una y un coral tallado. ¡Yo no me la quito!

No sé si he sido capaz de transmitiros lo que disfrutamos, pero la verdad es que fue un día fabuloso y todas nos volvimos con un poquito de pena, hubiésemos dado algo por quedarnos todo el fin de semana allí, en un ambiente tan relajado y tan agradable. La finca Monte de Cutamilla es una preciosidad y, además de para descansar y desconectar totalmente, es perfecta para todo tipo de celebraciones ya que cuenta incluso con una pequeña capilla. Si tenéis pensado casaros o tenéis algo que celebrar, yo no le perdería la pista porque los invitados se quedarán con la boca abierta. A estas alturas, que parece que ya es difícil sorprender, ellos lo consiguen y con nota.

Aquí tenéis una foto preciosa (que le robé a Cru, yo siempre igual) del fabulous team de Suárez. ¡Gracias por todo, chicas! Y mil gracias Bea por las fotos. Que la mitad de las fotos de hoy y de ayer son suyas! :)

Un beso enorme y feliz jueves

Indara