Archivos para las entradas con etiqueta: Nueva York

Ya sé que este post no os va a importar un pimiento al 95% de vosotros, pero tengo que escribirlo. Solidaridad de grupo se llama. :)  Hay un mito que me da mucha pena y que tenemos que desterrar ya, y es que no se puede viajar siendo celíaco, porque a ver qué comes. A mí me diagnosticaron la enfermedad con 19 años, cuando estaba en la universidad, y ahora tengo 28. En estos nueve años he vivido un año en Francia y otro en Alemania, y he estado de viaje en sitios tan dispares como Gambia, Reino Unido, México, Turquía, Bélgica, Irlanda, República Checa, Portugal, Croacia, Estados Unidos, Austria, Cuba, Italia, Túnez, Hungría, Rusia… y en todos ellos he comido, he bebido y, sobre todo, he disfrutado como la que más.

Algunos de estos viajes los hice con mi madre y mi hermana, otros con amigos, otros con Iván. Algunos, los más recientes, con más pasta en el bolsillo. Los primeros, con muy poco dinero. Y en ninguno, ninguno, me llegué a plantear ni un segundo la posiblidad de no ir por el problema de la comida. Un par de paquetes de pan y un par de cajas de galletas en la maleta y a correr. Evidentemente, todo es cuestión de prioridades. Yo prefiero mil veces estar en Moscú una semana a base de ensaladas (que jamás me ha pasado, siempre hay cosas) a quedarme en mi casa y ponerme morada a pizzas sin gluten. Ya tendré tiempo de pizzas y bocadillos a la vuelta, ¿no?

Como regla general, en Europa no hay ni medio problema. Tanto de restaurantes como de abastecimiento. En los países menos avanzados tampoco hay problema porque cocinan de forma muy natural y podemos comer millones de cosas. Comprar es un poco más difícil, pero para eso te has llevado las magdalenas en la maleta. Pero Estados Unidos es el Disneylandia del celíaco. De hecho, creo que el mejor pan que comí en mi vida lo compramos en un pueblo de cuatro casas (literal) de California que, por supuesto, tenía su pequeño supermercado bio.

Pero en Nueva York fue mejor, mucho mejor. No solo no fue difícil, sino que pude probar cosas que nunca había comido, como el dim sum, o que llevaba nueve años sin catar, como la tempura o los gofres. Fui feliz. Yo busqué mucho y en castellano encontré poco, así que aquí va una recopilación de los mejores restaurantes para celíacos que encontramos en Nueva York. Ojalá que sea útil para todos los celiaquitos trotamundos. :)

SI TE APETECE UNA HAMBURGUESA

La verdad es que estar en Nueva York y no comerte una buena hamburguesa da como pena. En Lexington Avenue está Bloom’s Deli, un típico deli neoyorkino con platos cutrillos y gigantescos, ¡pero qué bien sientan! La carta sin gluten es muy extensa, desde tortitas y tostadas para desayunar a hamburguesas, perritos, sándwiches y ensaladas. Yo me zampé la hamburguesa gigante de 12 oz. (350 gr) y las patatas con queso y salí de allí rodando.

SI TE APETECE COMIDA ASIÁTICA

El dim sum es una masa de arroz cocinada al vapor que se puede tomar sola o rellena de carne o verduritas. Son raciones pequeñitas y se toman como tapa o aperitivo. Si te gusta, esta es la tuya: en pleno China Town está Nom Wah, un restuarante especializado en esta comida con una carta muy fácil, porque la comida sin gluten se identifica con un círculo rojo cruzado. Y es baratísimo, así que nosotros pedimos de todo. Las bolas fritas de bacon y gambas estaban de muerte. Y la sensacion de estar comiendo algo rebozado en un restaurante mola mucho.

Si quieres algo más glamouroso, apunta en tu agenda Lilli and Loo. Ideal, más caro, con una carta enorme sin gluten y buenísmo. Tomamos sopa, rollitos, tempura, fideos, sushi y un pastel de frambuesas de chuparse los dedos. Una vez más, la sensación de comerte un pastel en un restaurante y no un yogur mola mucho, mucho. :)

SI TE APETECE UN ALTO EN EL CAMINO

En medio del meollo de las compras, en pleno Soho, una tienda de tés maravillosa con el packaging más bonito de la historia, de ese que nos gusta reciclar y usarlo de macetero o para guardar cosas. Al fondo de Harneys and Sons hay una pequeña cafetería con dos o tres tentempiés para celíacos. Las tostaditas con crema de queso y pepino eran geniales, pero el pastel caliente de especias de postre, mucho mejor. Me chifló también el té helado.

SI TE APETECE UN BUEN PASTEL

Aquí viene nuestro mayor problema, los dulces. Y esas caritas largas al pasar por delante de una pastelería. Pero se acabó el sufrimiento. ¿Conocéis Magnolia Bakery? La mítica pastelería de Sexo en Nueva York, sí, esa. Pues cuando todos vuestros amigos entren en tropel a comprarse el cupcake rosa de Carrie tú no te irás de manos vacías porque tienen un pastel de chocolate sin gluten que está de rechupete, solo superado por la receta-ya-no-tan-secreta del brownie de Iván.

Pero si os habéis quedado con las ganas de cupcakes como Dios manda, imprescindible y casi obligatoria la visita a Babycakes. Tienen otros pasteles sin gluten como rollos de canela, muffins, galletas… pero con los cupcakes me emocioné tanto que no podía elegir y me llevé uno de cada. Una semana después aún no me los había terminado, pero la inyección de mantequilla en vena mereció la pena.

Así que ya ves, con algo de previsión y muchas ganas, no hay lugar remoto en el planeta Tierra que se le resista a un celíaco aventurero. :)

¡Un beso enorme y feliz martes!

Indara

Aún me queda alguna cosa que contaros de Nueva York, pero esta es de las que más ganas tenía: ¡los mercadilloooos! ¿Qué puedo decir? Si el rollo vintage y shabby chic os va, os vais a volver locos. Botes antiguos, latas, cajas de madera, muebles y todas esas cosas que vemos cada día en las bodas americanas y que aquí son tan difíciles de encontrar.

Compré un montón de cosas pequeñas, pero reconozco que me cayó alguna lagrimita mientras Iván me explicaba con paciencia de santo varón por qué no podía llevarme una mesa de tres metros en el avión.

El primer fin de semana fuimos al Brooklyn Flea que, como su nombre indica, está en Brooklyn. :) Os dejó aquí la web porque cambia de sitio el fin de semana y en verano e invierno. Nosotros lo encontramos en un espacio art decó precioso, la torre del reloj.

Este en realidad era un poco pijomercadillo, con puestos definidos y todo el material bien seleccionado, bien colocado e impecable. Algo más caro, eso sí, pero estaba todo tan bonito que apetecía comprarrrr, comprarrr, comprarrr (leído con tonillo de de King África).

El siguiente fin de semana fuimos al mercadillo de Hell’s Kitchen, en la 39th con la novena avenida. Es curioso porque está en una explanada enorme y rodeado de rascacielos. Este es más mercadillo-mercadillo, con muchos tesoros pero también mucha morralla, por lo que la sensación de volverte loco y quererlo todo era menor. Aunque fui perfectamente capaz de ignorar dicho inconveniente y volví a comprarrr comprarrr comprarrr.

Aquí le hice un poco más de caso a los puestos de ropa y acabé con un bolso de piel marrón enorme que mis amigos dicen que no me pega nada pero yo no me lo quito. :)

Pero lo mejor de lo mejor, el descubrimiento indiscutible fue una tienda sin nombre que encontramos caminando por Brooklyn. Apunté la dirección en algún papel para no olvidarme, pero he puesto la casa patas arriba y no soy capaz de encontrarlo. Estaba cerca del metro porque llegamos andando y ya sabéis que yo, andar, poco. :)

Mis gritos de emoción se escuchaban en Monforte. No es un mercadillo pero casi como si lo fuera, porque había verdaderos tesoros rescatados de granjas y casas de campo. Me lo hubiera llevado todo para mis novias sin dudar si no fuera por algunas reglas estupidas del señor Iberia.

Lo más divertido es que sé que hace solo dos años hubiera arrasado en los centros comerciales, y de repente me encuentro volviéndome loca y dando grititos con cajas de Coca-Cola y sillas desvencijadas. ¿Qué me pasa, doctor? :)

¡Un beso enorme y feliiiiiiz miércoles!

Indara

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¡Buenos días! Espero que hayáis vuelto todos de las vacaciones muy felices, muy descansados y con las pilas bien cargadas. A mí antes esta época del año se me hacía eterna porque estamos casi en verano, pero no, y contaba los días para las vacaciones. Ahora cuento los días para que empiece mi época de bodas, que significa de todo menos descanso pero me gusta mil veces más.

Si el lunes pasado os gustó la primera parte de nuestra guía particular sofaamarillera para novatos en la gran ciudad, hoy os traigo las otras cinco atracciones imprescindibles del buen turista primerizo.

6. Central Park

De Central Park mola todo: las ardillas, las bicis, los árboles, la estatua de Alicia en el País de las Maravillas y, sobre todo, el ambiente. Lo que más, más, alquilar el bote de remos y dar un paseo por el lago (sobre todo si el que rema es otro). De lo que menos, el espacio dedicado a John Lennon. Yo es que no soy nada partidaria de los monumentos funerarios, aunque reconozco que este tiene infinitamente más clase que la antorcha de París de Lady Di.

Mi consejo: si te subes al barquito, asegúrate de llevar pañuelos de papel. Que se te ponga a sangrar la nariz en medio de alta mar y no tener NADA con lo que parar aquello es una situación entre cómica y quiero cortarme las venas.

7. El MoMA

Nos chifló todo. Fuimos el viernes por la tarde, que era gratis y no cabía un alfiler, pero aun así lo disfrutamos muchísimo. Y está feo decirlo, pero el mérito del 50% del disfrute lo tiene la tienda. Lectoras casaderas, si dudáis sobre dónde poner vuestra lista de bodas, este es el lugar.

Mi consejo: como en cualquier museo, es casi obligatorio hacerse fotos imitando a todos los cuadros y esculturas que te encuentres por el camino. La más divertida, la del Elvis pistolero.

Lo que no debes hacer 1: pensar que, porque es gratis, puedes entrar directamente sin hacer cola. Error. Una cola que daba la vuelta a la manzana, pero en 15 minutos estábamos dentro.

Lo que no debes hacer 2: quedarte pasmado con algunos cuadros pensando lo ideales que quedarían como fondo de una mesa de dulces.

8. Ferry a Staten Island

Gratis, rápido y con unas vistas increíbles de la Estatua de la Libertad y del sur de Manhattan. Aquí, igual que en el puente de Brooklyn, hay un lado oscuro que nadie te cuenta. A mí, por defecto, no me gustan los picos ni las plumas. Esta es una regla aplicable desde gallinas a colibríes o águilas reales. Y muy especialmente aplicable a las gaviotas. Cuando el ferry arranca y coge velocidad, una bandada bien grande de gaviotas se dedica a perseguir el barco hasta que llega a su destino. Se acercan, se alejan, se acercan, se alejan y tú solo puedes acordarte de la madre de Alfred Hitchcock y de sus pajaritos asesinos. A la vuelta no pasa lo mismo porque vas mirando hacia delante.

Mi consejo: en cuanto llegues a Staten Island, baja corriendo y ponte otra vez a la cola para volver en el mismo barco. Yo paré dos minutos a comprar patatas porque estaba desfallecida y lo perdimos. Y la espera es un poco rollo.

Mi consejo 2: no hagas como nosotros y elige un día sin niebla. :)

9. Top of the Rock

Todo el mundo nos decía que las vistas eran mucho mejores que desde el Empire State. Subimos y no nos decepcionó. Eso sí, pensábamos que era entrar y ya y no. Primero te pasan por una especie de photocall y después te meten en una salita a ver vídeos sobre la historia de edificio. Si queréis subir al atardecer, tenedlo en cuenta para que no se os haga directamente de noche.

Mi consejo: la parte rollo de viajar en pareja es que nunca tenemos fotos de los dos juntos, así que, cuando un chico con un cartel de Official photographer se nos acercó para decirnos si queríamos una foto de los dos, no tardamos ni un segundo en decir que sí. Lo que no sabíamos es que el chico y su ayudante se pondrían a gritarle a todo el mundo para que se apartasen de las barandillas para hacernos una foto totalmente solos. Se formó un círculo a nuestro alrededor de gente medio cabreada primero y medio muerta de risa después al ver nuestras caras, que eran un poema. Total, momentazo para nada porque pasamos tanta vergüenza que salimos horribles en las fotos y al final no las compramos.

Mi consejo 2: Gritar ra-ta-ta-ta-ta-ta-ta-ta-ta moviendo el telescopio como si fuera una ametralladora es fantástico.

10. Un musical en Broadway

Sopesamos muchas opciones y había muchas obras clásicas que nos hubiese encantado ver pero, al final, la parte infantil pudo con nosotros: en el último segundo elegimos Mary Poppins. Ya os lo conté en Facebook en su momento, no pudimos emocionarnos más. Todo era magia: Mary volaba por todo el teatro, el deshollinador bailaba boca abajo por el techo y las cosas se arreglaban con un chasquido de dedos. Además, añadieron nuevas canciones y nuevos personajes sacados de los libros así que, aunque nos sabemos la peli de pe a pa, fue una experiencia diferente.

Mi consejo: compra las entradas para el mismo día en las taquillas de TKTS. La de Times Square está petada pero en la del Financial District solo había tres personas en la cola. Nosotros conseguimos unas entradas buenísimas en platea y muy cerca al 50%, solo 60 dólares.

Mi consejo 2: hazte un millón de fotos voladoras de la mano de Mary. Eso sí, tendrás que pelearte con unos cuantos niños, pero tranquilos, no más que en cualquier cabalgata de Reyes.

Y hasta aquí los diez hits de cualquier viaje a Nueva York. Ahora solo faltan las tiendas, los mercadillos, los restaurantes y la gente. Creo que, en realidad, la gente siempre es lo mejor de cada ciudad.

Un beso enorme y feliz lunes de Pascua,

Indara

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