Hace unas semanas fue mi cumpleaños. Todos los años, unas semanas antes de que llegue esa fecha, empiezo a planear una fiesta, y todos los años, indefectiblemente, tengo que olvidarme de ella por falta de tiempo para organizarla. Ya se sabe, en casa de herrero… Pero este año salí a cenar con unas amigas para celebrarlo y decidí llevarles lo que todos los años les prometo, pero nunca les ofrezco: pastel de cumpleaños y limonada.

Primero preparé un sello con forma de rodaja de limón. Pronto os enseñaremos cómo se hacen. Hice una etiqueta para cada botellita de limonada con el sello y con una de esas agujereadoras de etiquetas que se usan tanto para hacer scrapbooking. Colgué las etiquetas con twine amarillo y tuve las botellitas terminadas. Por supuesto, la limonada era casera (y estaba riquísima!).

Luego llegó el turno del pastel. Como una de mis amigas es celíaca, lo hice siguiendo una receta sin gluten de madalenas de Maicena. Repartí la masa en botecitos herméticos individuales y los horneé, después de haberles quitado la pieza de goma.

Ya solo quedaba cerrarlos, etiquetarlos y acompañarlos de una velita (amarilla) para que fuese un auténtico pastel de cumpleaños. Lo puse todo junto dentro de una bolsa para la playa en la que también incluí unas velas con olor, un tubo de confeti para la bañera, un jardincito zen y un poco de incienso, como regalito por haber venido a mi no-fiesta de cumpleaños.

No olvidéis que no se cumplen años todos los días, ni que cualquier excusa es buena para hacer algo extraordinario un día normal. Ya decía Indara el otro día que todo está en los detalles, y es cierto. La vida es más divertida y mucho más feliz si la llenáis de detalles diferentes.

¡Feliz miércoles!