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Os conté el otro día que quería hacer un picnic la noche de San Juan con mis amigos. Como muchos habréis visto en Facebook, al final nos pareció mejor idea disfrutar del partido y de las sardiñadas que se organizaban en todos los bares de la ciudad, y trasladar el picnic al mediodía. Total, íbamos a comer en la playa igual, solo era un poco más de trabajo. :)

Muchísimas veces vemos despliegues tremendos de picnics campestres que piensas «madre mía, se han llevado un furgón al campo para montar todo eso». Son ideales para hacer una sesión de fotos, ese es el objetivo, pero cero prácticos para la vida real. Yo quería hacer un picnic bonito y sencillo, un poco más especial que llevarnos solo el bocata pero sobre todo un picnic real, fácil de transportar y de montar y de comer. Os cuento cómo fue.

Tema menú: bocadillos de jamón serrano con tomate, ensalada de arroz y un par de quesos diferentes. De bebidas té, cola y cerveza. De postre, fruta y unos pastelitos de los que no hay fotos.

Tema logística: la comida y bebida de los cuatro nos cupo perfectamente entre la caja de madera y el cubo de zinc que usaríamos como cubitera. Miento, todo no nos cupo, los hielos los compramos de camino e iban en otra bolsa. Teniendo en cuenta que cuando voy a comer con mis amigos acabamos llenos de bolsas del Mercadona, el cambio no fue grande. Casi diría incluso que fue a mejor.

Tema trabajo: no mucho, menos que una comida en casa. Por la mañana fui a por el pan y los bollos y, mientras, mi amiga Marta fue al súper a por alguna cosa que nos faltaba para la ensalada de arroz y las bebidas. El resto lo tenía en casa. La clave fue tirar de fondo de armario, tanto de cocina como de material. Improvisé este picnic en media hora porque usé lo que ya tenía por casa: los cubiertos de madera, las cestitas, los lazos, la caja…

Lo confieso, muchas veces encuentro cosas monísimas de casualidad y las compro aunque en el momento no me hagan falta. Sé que las voy a acabar utlizando seguro. Pero así tengo la casa, que parece un bazar.

Tema pegas: compramos dos bolsas de hielo y se derritieron muy rápido. Normal, estaban a pleno sol. Además es difícil enfriar varias botellas, tardan muchísimo.

El bocata estaba estupendo, pero nos olvidamos de llevar un poco de aceite y sal para el tomate. Llevar aceite y sal a la playa es un coñazo, además.

La ensalada de arroz fue la mejor opción, fresca y fácil de comer. Lo malo es que después de unos minutos en el bote hermético, con el calor, se empezó a condensar y le salían gotitas por dentro imposibles de quitar. No le pasa nada, pero queda feo. :)

Y por último, comimos arena como siempre que se come en la playa. Es inevitable, y parte de la gracia.

La verdad es que quedó bastante mono y, sobre todo, sencillo. Me muero de vergüenza si tengo que montar el gran despliegue en medio de la playa, jajaja. Hicimos unas poquitas fotos, me quedé sin batería y a zampárnoslo todo, que siempre es lo que más mola de poner las cosas bonitas. :)

¡Un beso enorme y feliz miércoles!

Indara


Hace bastante tiempo que nos pedisteis un post de inspiración para una boda en la playa. Y hasta ahora me había resistido un poco porque, normalmente, las bodas playeras que veo tienen un puntito que no me acaba de convencer. No es necesario intentar tematizarlo tanto y llenarlo todo de conchas y estrellas de mar. Y, sobre todo, no es obligatorio que el novio se case con un traje blanco. :)

Pero ayer encontré una celebración muy diferente a las que estamos acostumbrados, organizada por Yifat Oren & Associates con fotos de Jonas Peterson. Y como el cuerpo me pide playa, más aún después del post vacacional del velero, me ha apetecido compartirla con vosotros. En realidad no es una boda, sino la fiesta del día anterior. Me encantan las lámparas, los cojines de colores, la barra de cócteles, los espacios chill out protegidos del viento…

Así, no me importaría casarme en la playa. :)

¡Un besito y feliz miércoles!